lunes, 5 de noviembre de 2018

Rosas en la garganta

el botiquín está
lleno de poemas

pero no hay tiritas suficientes
pa las palabras
que no te llegan

tengo heridos los tobillos
de temblar con tanta fuerza

los ríos no se deshelarán
la siguiente primavera

de mi garganta brotan rosas
que no recibirás nunca
porque a mí me hacen más falta 

espero que no te importe
que ahora yo me quiera
más que a nada


domingo, 4 de noviembre de 2018

Al menos no duele.

Me caí de boca
en la boca equivocada,
y tampoco estuvo tan mal.

Tengo tres llamadas perdidas
de dos cervezas y un whisky
que necesitan compañía esta noche,
y yo siempre devuelvo las llamadas.

En la calle del barco me espera un pirata
al que ya le conozco todos los trucos.
A veces también me llaman sus sirenas
pero eso él no lo sabe.

Hace tiempo que dejé de escribir sobre el amor verdadero,
porque la única verdad en la que creo
es en que me amo mucho
y dejo que me amen poco.
Al menos no duele.


domingo, 14 de octubre de 2018

Los paisajes no tienen montañas

Entiendo el horizonte,
los hemisferios,
la línea del Ecuador
y el meridiano de Greenwich,
pero la mayoría de los paisajes que veo, no tienen forma.

Hay una montaña desde la que se ve a los aviones despegar
que sabe a segundas oportunidades.
Allí vi a una persona recoger sus pedazos,
mirar sus roturas con cuidado,
una a una,
limpiarlas con mimo
y reconstruirse.

Me gusta pensar que solo yo conozco mi playa favorita,
o al menos solo yo la conozco a las ocho y media,
cuando en sus nubes se hace de noche.
Allí si le aullas a las olas,
te responden golpeándote con fuerza los talones.

Hay una puerta de la catedral que me ha visto enamorada
y sabe un poco a limón y pimienta.
Huele a la humedad de su saliva
y nunca se pasa con la sal.

Las carreteras del norte me enseñaron que llevaba mucho tiempo respirando mal,
así que me pusieron en acústico los pulmones
y dejaron sin volumen mis nostalgias.
La paz tiene el sonido del silencio.

El Passeig de Sant Joan me da vértigo detrás del lunar de la barriga
y hago de tripas corazón en cada uno de sus cruces.
Yo soy más fuerte que él
y lo sabe cuando llego al final,
entera,
tan entera que da rabia.

Cuando paso por una calle nueva
siempre me fijo en los adoquines del suelo
y en el azul de su cielo.
En si la gente allí llena de verde los balcones
o tiene todas las ventanas cerradas.
Me gustan las calles que saben a barrio,
los vecinos que hacen barrio.

Hay tantos besos de hierro que aún no he dado,
tengo tantas ganas de recorrer Argentina.
Hay tantos huecos que rellenar en esta libreta.
Nadie sabe todo lo que me guardo dentro.

Los paisajes tienen muchas más palabras que montañas.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Un incendio que nunca se saciaba.

Siempre he sido de perder el imperdible,
sentirme esclava de mi libertad
y mirar muy fijamente los carteles de “prohibido jugar a la pelota”
mientras los niños juegan a la pelota, porque son niños.

Grito en silencio cada vez que alguien pide perdón por la poesía.
No pidas perdón por la poesía,
no pidas perdón porque tiemble tu poesía,
la poesía tiembla.
No
pidas
perdón.

En la nevera tengo guardado un incendio que pedía agua
pero nunca se saciaba.
Yo pedía ahogada en lágrimas que me dijera qué más podía hacer
pero él solamente repetía una y otra vez:
Agua
Agua
Agua

Y yo le daba agua,
recogía la lluvia,
dejé de regar las plantas,
rompí el puto acuario del zoo,
murieron muchísimos delfines,
salió en todas las noticias
y el jodido incendio seguía gritando:
Agua
Agua
Agua

Y murieron muchísimos delfines,
y yo estaba más seca que nunca pero nunca pedí:
Agua
Agua
Agua

Ahora el incendio pasa frío en mi nevera,
a su lado hay un tupper con espaguetis carbonara.
Tiembla como la poesía
y yo soy socia de “Greenpeace”.


martes, 4 de septiembre de 2018

Más entera que nunca.

Tú no lo ves,
pero tengo un corte en la yugular que brota a borbotones
y me falta una mano
por habérmela quemado en el fuego que no tocaba.

Dependiendo del día, me quedo un poco ciega,
cojeo, o se me caen los colmillos.
También tengo una cicatriz en la ceja
que se empeña en ponerse a la altura del pecho,
y me quedo muda
cuando los días empiezan a durar menos.

Aún así insistes
en que beba de ese agua sin olerla
y duerma sin dejar un ojo abierto.

Me tiendes la mano
como empapada en agua oxigenada
pero las heridas que me quedan,
las quiero abiertas.
Ya las cerraré cuando sepa
con qué poema coserlas.

Me preguntas demasiado
para lo poco que te gustan las respuestas:
No, no somos almas gemelas por escuchar ambos a Pereza.
No, no quiero que me invites a esa cerveza.
No, no quiero que te plantes en mi puerta.
, me quiero aun descompuesta,
porque desde que soy dueña de mis pedazos
estoy más entera que nunca.

Así que no insistas,
porque no me has visto meterme en la boca del lobo
y salir aulladora,
ni me has visto pillarme el corazón en trampas,
casi ahogarme en dolores
y aún con todo,
salir a pie,
a flote,
cicatrizada
y con la trenza bien alta.

Entiende que si no dejo que me cuiden,
es porque nadie lo va a hacer mejor que yo.