miércoles, 15 de junio de 2016

Fronteras.


Me da igual que te equivoques conduciendo, llevo sin parar de sonreír desde que cerramos las cuatro puertas de este coche viejo y no me importa en absoluto que jamás haya oído el nombre de ese pueblo que acabamos de pasar.

Cómo me va a importar ahora seguir la dirección incorrecta si llevamos equivocándonos desde el principio y ahora mismo los errores son los únicos que nos llevan a alguna parte. Qué buena suerte ser tan desafortunados y que nos pillara el parque cerrado para que pudiéramos pasearlo entero de la mano sin nadie más. Qué buena suerte ser tan desafortunada y que se me cayera el café en el vestido azul para que tuviéramos que ir a mi casa y darnos allí el primer beso. Seguiría a esa cabeza llena de rizos y errores a donde fuera porque tropezarme con la misma piedra que tú me parece el mejor sitio donde dejarme las rodillas.

El cielo está profundo y mi mano se desliza sobre la tuya y tú cambias a quinta. Saco la cabeza y mi pelo se cree mar con olas. No sé dónde estamos pero aquí tienen noches frescas y olor huerta. Créeme, si seguimos subiendo la música y me sigues echando esas miradas de reojo, cuando la carretera es todo línea recta, yo te aseguro que para mí París está donde nosotros vayamos.

No tengo ni idea de qué carretera hemos tomado pero de verdad que no me importa, yo me quedo contigo hasta que se nos acaben las fronteras. Y ojalá no se acaben nunca.


(también en vídeo)



miércoles, 1 de junio de 2016

Lo mejor de hoy ha sido.

La idea de sacar lo mejor de 30 días y grabarla surgió por pura necesidad.
Mayo es mi mes de exámenes finales, la última recta del curso. Además tenía varias reuniones y compromisos, así que el mes se me presentaba como "já, a ver cómo puedes con esto". Y a mi se me ocurrió aplicar el optimismo.

Lo mejor de un día a veces es algo que recordaré toda la vida, otras es algo que si no fuera por este vídeo ya se me habría olvidado. Se trata de eso, de llegar al final del día y pensar "de lo que ha pasado ¿qué me hace sentir bien al recordarlo?". Y hasta la cosa más insignificante deja de serlo cuando marca la diferencia.


Os invito a hacer este ejercicio de optimismo. Haced una lista con la cosa buena de cada día y sonreid al comprobar lo afortunados que sois de que os pase todo eso.

lunes, 11 de abril de 2016

Pueblitos: Buitrago de Lozoya

No soy de ciudad, lo tengo comprobado. Mucho menos de Madrid, la ciudad madre.
Llevaba unas semanas sintiendo que necesitaba desintoxicarme de forma urgente así que como solución Alejandra y yo pusimos rumbo a un pueblito de la sierra de Madrid, llamado Buitrago de Lozoya. Había visto recomendaciones de ese sitio y la verdad, lo que me convenció fueron las fotos de la muralla y el río. Qué ganas de verlo. ¿Os venís conmigo?

Ir fue bastante fácil, desde Plaza de Castilla cogimos un bus y en hora y media estábamos allí. La sensación al bajar al bus fue de haber escapado.
Lo primero que hicimos fue ir a un museo que tenía 60 obras de Pablo Picasso ¡totalmente inesperado! Después de eso simplemente comenzamos a pasear.
El pueblo está rodeado por el Río Lozoya y conforme íbamos recorriendo más calles y viendo los muros de piedra, una sensación de paz llegó sin dejarle sitio al agobio de la urbe. De repente respiraba tranquila y ahí fue cuando me di cuenta de cuánto lo necesitaba.



La verdad es que ver las montañas me hace sentir desenjaulada. Sé que en algún momento de mi vida no podré vivir sin verlas cada día.



Los impresionante de este pueblo es que conserva íntegro su recinto amurallado de origen musulmán (siglo XI). Y como si fuésemos vigilantes de la época, nos podíamos subir a la parte alta del muro que contaba con una pasarela. Por el camino nos encontramos con varios gatetes, el Castillo y el Alcázar.



Mientras seguíamos avanzando rodeando la muralla vimos una bajada que nos dejaba a ras del río. Sin dudar bajamos. Eso sí que fue increíble. No sé bien ni cómo describirlo. Tocar el agua y escuchar el sonido de la corriente fue como volver a respirar profundo. Necesito demasiado la naturaleza, cada año que pasa más y más. Las sensaciones que me aporta no me las da nada ni nadie más.



El resto del día fue seguir recorriendo el pueblito, llegar a parques, miradores, hacer fotos, reírnos... También comimos en un restaurante situado al lado de la plaza central. Los camareros fueron muy simpáticos, habladores y la comida espectacular.



   


La verdad es que espero impaciente volver a la sierra de Madrid, en el bus de ida vi muchos pueblitos más que me apetecía visitar, así que dentro de poco haré otra escapada, aunque no sea por pura urgencia como esta.
Buitrago me encantó en su totalidad, me vi viviendo en una de sus casitas en las que el jardín tiene vistas al río. Me vi paseando por allí a mis futuros perretes y bañándome en el río en verano.

Cuando llegué a casa intenté condensar en un texto las sensaciones de escapar y encontrarte con lo natural de nuevo. Y aquí está, con muchas más imágenes del pueblito:


Espero que os haya llegado un poquito del aire fresco y el ambiente descargado que allí se respiraba. Si es así, quedas invitado a la siguiente escapa.
Mientras, nos vemos por aquí.


jueves, 24 de marzo de 2016

Pasea por esas calles y pasearás por entre mis raíces.

Últimamente no puedo parar de imaginarte en los lugares que me componen. En los valles, playas y calles que me han hecho ser. No puedo parar de verte en ellos conmigo a tu lado mientras te señalo copas de árboles, casas en ruinas en las que me he colado y olas que quiero chocar si tú también te enfrentas a ellas. Y nos contemplo como a un cuadro y me encajas tanto. Tú no eres de mis lugares pero sí eres como el forastero que se gana la familiaridad del condado en 24 horas, con la diferencia de que aquí te sobran 23. No eres de allí de siempre pero lo eres desde ahora y a partir de este momento todo tiene un color diferente.

Aquí hay muros enormes, memorias de guerras anteriores. Intenté escalar esos muros por mi sola tantas tantas veces y siempre llegaba más alto pero me caía y cada vez dolía más. Hasta que no te imaginé allí, delante de esos muros, que tú no ves pero estoy segura de que sientes, no comprendí que necesitaba a alguien con quien destruirlos, no escalarlos o sobrevolarlos: destruirlos y no dejar ni el rastro.


No eres de allí, ni eres de mi desde siempre pero lo eres desde ahora y todo es tan igual, tan pausado en el tiempo, pero diferente.


lunes, 7 de marzo de 2016

Guía de huracanes.

Torbellino, te voy a explicar algo:
Para la formación de un huracán debe producirse una acumulación de tormentas. Es imprescindible que vengas y vayas, y a tu paso por mi vida provoques tormentas, hasta eléctricas. Una vez calada hasta los sentimientos que ni siquiera sabía que podía sentir nuestra electricidad se da un baño en aguas cálidas. Hay que darle calor a estos corazones con demasiado frío.

Una vez cogida la temperatura, las aguas y la electricidad comienzan a mezclarse mientras se elevan. Es un ritual, tú vienes y vas y esta vez yo voy contigo. Así sin evitarlo nos vamos por otras atmósferas y la presión de vivir fingiendo disminuye. No faltan los problemas, jamás faltarán los problemas que nos choquen y nos hagan girar. Quizás te marees, quizás sea yo la marea y esta forma de querernos se nos inunde de demasiadas cosas que pesan pero tú me coges de la mano, yo dejo que me la aprietes y todo parece importar menos.

Pasamos al lado de todo lo que nos preocupa y lo devoramos porque juntos tenemos la velocidad necesaria para quedarnos solo con lo necesario. Tú me besas y yo te beso aún más. No siempre cierro los ojos y tú tampoco. Me gusta ver el ciclón en tus pupilas. Me gusta la velocidad a la que nos movemos.

Torbellino, así es como te conviertes en huracán.