Soy la típica tonta que se enamoraría
de un poeta, de sus metáforas, de su figura escribiendo versos
hablando de amores que duelen y de cosas que no se atrevió a decir
(pero sí a escribir).
Por supuesto, saldría magullada,
golpeada por la realidad de que no había nada de mi en ninguno de
todos los poemas de los que me sentí protagonista. Me dolería el
olor a tinta y a juegos de palabras. Me dolerían las noches donde
necesito un poco de poesía y él me recitaba con una gravedad que
retumbaba en las paredes y colisionaba con mis debilidades. Me
rompería comprender que sus te quiero eran en realidad te hiero y
que todos los mordiscos no me los daba en la piel sino en el alma
para hacerme sangrar y tener algo sobre lo que escribir después,
algo sobre cómo el amor destruye (pero por supuesto, no
escribiría cómo él me llevó a la autodestrucción).
Y después de todo, seguiría echando
de menos su indiferencia y su egoísmo.
Y sí, los problemas no acaban ahí,
también soy experta en perder amores, pero no en soportar el dolor
de sus ausencias. Los vacíos de corazón me dejan perdida, y no veas
que pateo tengo que pegarme para volver a encontrarme. Aún no he
encontrado superhéroe que me salve de la hecatombe que es mi vida.
Que me salve de mi, de lo triste que resulta que todos mis miedos
soy yo. Que necesito alguien que me llene el vacío, que sea mi
diciembre, mi aire, mis atardeceres, mis escapadas, mi playa por la
noche, mis estrellas no-fugaces (para que no se marche nunca), que
reviva las llamas y me haga incendios en la cama. Que no se apague y
sobre todo, que no permita que yo me apague.
Pero en fin, no puedo echarle la culpa
a nadie, soy yo la que busca recomponerse con alguien que ya está
roto, ¿que por qué? pues porque soy la típica tonta que se
enamoraría de un poeta, porque pondría todas mis esperanzas en que
me daría el mismo amor y los mismos mimos que a su poesía para que
finalmente lo único que haga sea terminar de romper mis ruinas.