Hoy no te voy a escribir.
Hoy me voy a escribir a mi porque me lo merezco después de aguantarte.
Le voy a escribir a todos los dibujos
que he hecho sin pensar en ti, a todos los textos que, valientes, han
dicho que el amor es una mierda (porque lo es si es contigo). Voy a
recordar todos los momentos en los que no me acordaba de ti, en los
que estaba con otro y tú me dabas igual. Todas las veces en las que
si me hubieras llamado te habría dejado sonar para joderte con la
incertidumbre de no saber si no lo cojo porque no quiero, porque me
he dejado el móvil en el metro, porque me ha secuestrado un grupo de
psicópatas sexuales o porque estoy de fiesta, bebiendo cerveza sin
ti.
Le voy a escribir cien odas de amor y desamor a todas esas veces que te mandé a tomar por culo y también a la cara que se te quedó cuando te dije que era la última vez que quedábamos, que estaba harta de que me jodieras. Voy a ponerle todos los adjetivos a esa prepotencia tuya con la que te creías el puto amo del mundo, con la que me dejabas esperando cada domingo con la falda puesta deseando que me la quitaras, y no venías, capullo. Voy a hacer metáforas de cómo me convertía en volcán y en huracán cada vez que me interrumpías con una de tus historias de mierda sobre lo guay que eres y lo poco que te importo, como si tuviera que darte las gracias por pasar el viernes noche conmigo o haber puesto tú el condón. O yo que sé. Eres un gilipollas.
Le voy a escribir cien odas de amor y desamor a todas esas veces que te mandé a tomar por culo y también a la cara que se te quedó cuando te dije que era la última vez que quedábamos, que estaba harta de que me jodieras. Voy a ponerle todos los adjetivos a esa prepotencia tuya con la que te creías el puto amo del mundo, con la que me dejabas esperando cada domingo con la falda puesta deseando que me la quitaras, y no venías, capullo. Voy a hacer metáforas de cómo me convertía en volcán y en huracán cada vez que me interrumpías con una de tus historias de mierda sobre lo guay que eres y lo poco que te importo, como si tuviera que darte las gracias por pasar el viernes noche conmigo o haber puesto tú el condón. O yo que sé. Eres un gilipollas.
Le voy a decir a mis amigas que eres un
cabrón, después nos vamos a poner bien guapas, a salir de fiesta y
me voy a olvidar por fin de cómo me dejé engañar y lo estúpida
que me hacías sentir cada vez que te ibas diciéndome que “no sé
cuándo volveré a tener tiempo para verte, es que tengo muchas cosas
que hacer ¿sabes? Proyectos y...” y otras tías a las que tirarte,
si ya lo sabía. Pero cállate, pedazo de basura.

